Vagancia programada (19 de enero)

La gente muchas veces te dice “vos tenés que bajar un cambio!” (o sea “tranquilízate”) y es como esos consejos gratuitos que, como suelen ser las cosas gratuitas, no duran mucho.

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Pero uno que esta postrado por una situación y terminas bajando un cambio, y en mi caso, la verdad tiene dos efectos: 1 estoy muy vago. Duermo un montón y me cuesta hacer varias cosas en un día. Probablemente el cuerpo también necesita descansar para regenerarse pero creo que es más un tema psicológico. 2. me esta gustando esta vagancia. Estoy como estos tipos que nunca trabajaron en su vida, cobran una pensión o un subsidio, y cuando tienen que ir a trabajar les cuesta muchísimo levantarse. O sea, uno se acostumbra estar a 1000 y acelerado como uno se acostumbra a no hacer nada y cada pequeña acción — como irse de la cama al living para citar a Charly — es un emprendimiento titánico.

Las fieras acechan

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Pipo (haciendo una excepción a la política de privacidad de publicar imágenes de su vida privada)

Aunque pelee mucho la idea al principio de tener que quedar en casa por varios meses, me esta cayendo la ficha (“el 20” en México) que lo estoy disfrutando. Por primera vez convivo realmente con los gatos y los observo en sus comportamientos. Pipo — el mimoso — es terrible. Viene a mi cama después del desayuno (a veces se queda afuera de noche, rompe los quinotos para entrar y maúlla para comer), se siente, me mira y salta a la cama y mete la cabeza para que le de mimos, se da vuelta y ofrece la panza y empieza a ronronear como una moto de 125cc.

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Félix

El otro, Félix, que es más arisco, se tira sobre la mesa en frente del chorro de aire acondicionado y es discreto, nunca molesta pero cuando Pipo no está, también se acerca. No le gusta que lo agarres fuerte pero si le encanta que frotes el pelaje debajo del mentón hasta que baje la cabeza para que lo toquetees más fuerte.

Plaga de zapallos

También disfruto del jardín aunque estoy peleando con revivir el limonero embichado y la palta que parece fulminada (por falta o exceso de agua? la palta de por si se comporta caprichosamente en estas tierras pampeanas), por otro lado el pasto, los tomates y los zapallos están “a pleno” (como diría Christian). La pileta la tengo bajo control. Durante el invierno estuve haciendo algunas modificaciones: mi amigo Bruno el carpintero hizo un deck para el borde de la pileta, pinté la pileta de verde agua y arregle el filtro que no funcionaba. También armé una especie de quincho/cerco atrás con una pérgola y una parra (el jardín de invierno, dirían los franceses). Ahora está invadida por los zapallos pero bien, es comida que no tengo que ir a comprar en lo de Tita (el verdulero encima está de vacaciones)

Ahora que me acuerdo, hace dos meses cuando volví de mi país en plena cuarentena y llegué a Argentina, mi propósito era pasar el verano en mi hogar, lejos del covid19, y curtir al máximo a la casa, ordenar mis cosas y escribir. Como dicen algunos: “¡Ojo con lo que pedís! … ¡Que se te puede hacer realidad!”

Reporter. Writer. South America. Biking. Rowing. Twitter @argentomas. Recently published “Computer Crashes” on Air disasters.

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