La isla de Rapa Nui es un accidente volcánico en el medio del océano tan perdido en el globo terráqueo, tan lejano de todo, que solo pudo haber sido descubierta por casualidad. De hecho, el primer europeo que la “descubrió” fue el flamenco-zeelandés Jacobo Roggeveen. Estaba cumpliendo con el mandato paternal de buscar Australia –su padre, el cartógrafo Arent Roggeveen, estaba convencido de que ese continente se situaba al sur del océano entre Asia y América– pero Jacobo nunca lo pudo encontrar. En cambio, rondó el cabo de Hornos y pasó por la isla Juan Fernández antes de toparse un día de Pascua en el año 1722 con el forúnculo oceánico llamado Rapa Nui.

Image for post
Image for post
Europeos en la isla en el Siglo 18 (impresiones del pintor francés Duché de Vancy)

Supo que esta isla estaba habitada porque había humo, tal como vieron Magallanes y Pigafetta en el estrecho. Pero los hombres de Roggeveen (literalmente: “pantano de centeno”; los holandeses siempre ostentan apellidos poéticos) no podían desembarcar por el fuerte oleaje y la falta de un puerto natural.

Era el 5 de abril, el domingo de Pascua, y como los exploradores y conquistadores de aquellas épocas eran muy cristianos, bautizó a la erupción volcánica como “Isla de Pascua” (“Paas-Eiland” en neerlandés, aunque etimológicamente también se podría leer como Isla de los huevos de Pascua: “Paasei-Land”; sin embargo, los tripulantes de la expedición de Roggeveen debieron haber alucinado demasiado para haberse proyectado en ese sentido).

Image for post
Image for post
Barcos holandeses anclan en frente de la isla

Los barcos de Roggeveen anclaron fuera de la isla y uno de ellos fue visitado por un lugareño que se acercó en canoa. Aparentemente, los habitantes de la isla estaban encantados de recibir visita, pero los europeos tenían que arruinarlo, como solían hacer siempre. Cuando finalmente se decidieron desembarcar –sin duda, ayudados por la pericia de algún práctico rapa nui– fueron recibidos con tanto entusiasmo que los marineros, asustados, abrieron fuego y mataron al menos a diez indígenas.

Roggeveen no se quedó mucho tiempo, pero difundió por primera vez la noticia de la isla misteriosa con sus estatuas de cabezas gigantes. Y notó que en la isla había dos clases de personas: los “blancos” u orejones (Hanau epe), que era la élite, y luego la gente común (Hanau momoko), que bueno, tenían orejas más normales, digamos.

Según algunas teorías, esos orejones eran Incas peruanos que habían llegado a la isla en balsas (el arqueólogo noruego Thor Heyerdahl apoyaba esta teoría e hizo el viaje de nuevo en 1947) y habían sojuzgado a la población polinesia. No es una idea descabellada que los Inca llegaran hasta Rapa Nui, ya que hay construcciones que se parecen demasiado a los muros macizos de Cuzco.

Image for post
Image for post
Legado de los orejones.

En su visita, además de una población de unos 4.000 habitantes y las estatuas (la mayoría derribadas), el capitán zelandés Roggeveen encontró la isla casi desprovista de vegetación.

Quedaban muy pocos ejemplares de las palmas originarias (Paschalococos Disperta) que habían servido a los pobladores como insumo para construir balsas para pescar, entre otros usos. Claro que cuando llegaron los holandeses, la cultura Rapa Nui ya había entrado en decadencia, y en los siglos siguientes la población casi se extinguió, lo que culminó en la anexión por Chile en 1888. La teoría más consistente de la deforestación de la isla, basada en las semillas que encontraron los antropólogos, ha podido establecer que la isla en algún momento estuvo cubierta enteramente por esa palma gigante y que fue talada en exceso. Pero según Terangi, hubo otra razón para extinción de la palma en Rapa Nui: ratas.

“Los polinesios que llegaron a la isla trajeron ratas en sus balsas, y esas ratas aquí no tuvieron ningún depredador natural; se propagaron sin límite, algunos hablan de millones. Y esas ratas comían las raíces y los retoños de las palmas, con lo cual ya no podían crecer”.

El volcán donde los moais empiezan a caminar

Terangi nos cuenta la historia aquí, bajo de un hermoso ceibo (un primo del ceibo argentino), mientras mirando el cerro del extinto volcán Rano Raraku que sirvió como cantera principal para los moais. Este sitio es uno de los lugares imperdibles de Rapa Nui, no solo por la belleza cautivante de las cabezas gigantes enterradas en el pasto, sino también porque uno se va dando una idea bastante realista de cómo fue el proceso del tallado y el transporte de las estatuas.

Image for post
Image for post
Cuerpos enterrados

Entramos caminando por un sendero que nos lleva hacia lo alto del cerro, el cono achatado del Rano Raraku, cuyas laderas están cubiertas de pasto. Pasamos junto a algunos moai que creo haber visto en la portada de alguna revista de viajes o de alguna aerolínea. Un moai tiene la cabeza más alargada y angosta, otro tiene una nariz respingada. Uno de los turistas pregunta si “es verdad que lo se ve de las estatuas solo es un tercio, que la parte más grande de las estatuas están enterradas, que tienen el cuerpo entero”. Terangi responde afirmativamente: “Los antropólogos excavaron alrededor de uno y descubrieron el cuerpo entero , con los brazos debajo de la panza como, en los otros ahu. No se sabe bien por qué fueron enterrados. Quizás los tapó la tierra, o fue a propósito, para proteger las estatuas de la destrucción”.

Image for post
Image for post
El moai más grande se quedó en el molde

Después de las obligatorias fotos, seguimos subiendo por el sendero hasta toparnos con la cantera bajo las rocas. Aquí queda claro que las estatuas no fueron talladas en su lugar de emplazamiento, sino que las esculpieron en el cerro y luego las transportaron: hay un moai semi-terminado tallado en la roca. Solo le falta desprender la espalda para que este muñeco grande cobre vida. “Se sabe que eran artistas-artesanos que trabajaban en la cantera y vivían aquí mismo. Eran de una posición social inferior a los líderes, pero tenían cierto prestigio. En algún momento, directamente se abandonó la cantera, capaz porque la sociedad colapsó”.

Image for post
Image for post

Terangi también nos explica cómo se llevaban las estatuas. “Literalmente, se deslizaban por el pasto como si estuvieran en un tobogán hasta llegar a un punto menos empinado del cerro, y ahí se enderezaban y se movían de otra forma”.

Según nuestro guía, no queda demasiado claro cómo realmente se movían los moais por varios kilómetros hasta llegar a la costa. Pero es un tema que no le preocupa demasiado a él, y honestamente, a mí tampoco. Hubo pruebas de antropólogos –entre ellos, también el famoso Thor Heyerdal, quien se quedó varios meses viviendo en la isla con su familia– que movieron una estatua con sogas y poleas tirando de varios lados, haciendo “caminar” a la estatua. Si bien es perfectamente posible que los moais fueran transportados de esa forma, o recostados sobre un trineo (curiosamente, los adeptos de esta teoría muestran a las estatuas caras abajo y uno se pregunta cómo evitaron romperle la nariz), lo único importante para recordar es que se movieron las estatuas “de alguna u otra forma”, o “como pudieron”.

Los antiguos Rapa Nui no conocían la rueda, lo que hacía esa tarea más trabajosa, aunque no necesariamente imposible o “misteriosa”, como las revistas estilo National Geographic nos quieren hacer creer. No hace falta invocar a los ovnis o a los extraterrestres para explicar el emplazamiento de las caras de piedra sobre los lugares ceremoniales o Ahu. Si los egipcios, incas y mayas pudieron construir templos con bloques del tamaño de un contenedor de 60 pies, ¿por qué los Rapa Nui necesitarían la ayuda de los marcianos para levantar unas estatuas? En fin, perdónenme mi falta de romanticismo en ese sentido.

El ecocidio pascuense

Me gusta mucho más el enfoque ecológico (y digamos económico) que Terangi da al asunto cuando explica la construcción de los moais dentro de una lógica de poder.

Por ejemplo, el Ahu más impresionante de la isla que visitamos luego del almuerzo es Tongariki, una hilera de 15 estatuas, algunas enormes (incluyendo la más grande de la isla) con el increíble fondo del océano y el cielo azul detrás. Tongariki fue construido frente a una bahía estratégica para salir de pesca. Es decir, los sacerdotes o la élite que manejaba las ceremonias alrededor del Ahu también tenían control sobre los víveres. En algún momento, todas estas estatuas fueron tumbadas en las guerras internas o revoluciones sociales que supuestamente azotaron la isla (debe haber sido antes de la época en que llegó Roggeveen), fue cuando los recursos en la isla empezaron a escasear. Los historiadores e investigadores coinciden en que hubo un colapso ecológico en la isla y que está ligado a la masiva deforestación de la palma originaria. Puede ser que la desaparición de la palma fuera causado por le presencia de las ratas o por que en su carrera por el prestigio de construir moais cada vez más grandes y altos, los clanes talaron todas las palmas para transportarlos. Otra explicación es que los Rapa Nui originarios abusaron de las palmas para construir las balsas y barcos para pescar y dar de comer a una creciente población en la isla.

Image for post
Image for post
Tongariki

Seríamos muy ingenuos si se nos escapara la comparación y los paralelos con nuestro presente, si no viéramos que el destino de Rapa Nui no es un presagio y un símbolo de lo que está pasando con nuestra planeta hoy día a nivel macro: sobre-explotación de los mares, sobre-explotación forestal, guerras internas, élites que abusan de los recursos naturales para proyectos ególatras y faraónicos (y básicamente inútiles) y, como consecuencia, revoluciones sociales destructivas. A Terangi tampoco se le escapó la ironía: “Es lo mismo que está pasando en nuestro mundo ahora”.

Los habitantes de Rapa Nui en el siglo XVI y XVII destruyeron los moais tal como están destruyendo los símbolos del poder (las sucursales del Banco de Chile, por ejemplo) ahora en Santiago.

Image for post
Image for post

A pesar de estar a 4.000 kilómetros, los Rapa Nui siguieron de cerca la explosión de la ira popular en la capital chilena, incluso hubo una manifestación a favor de los manifestantes en Hanga Roa, con pancartas y cánticos y todo (la primera “manifestación” en la historia de la isla, me dijeron, aunque ese dato suene poco creíble). Los pascuenses se solidarizaron con los manifestantes porque están en lucha contra el estado hegemónico chileno por su enfoque más comunitario y anti-consumista. Ayer, por el hotel de las banderas negras, vi pintadas a favor de la lucha de los mapuches, otro pueblo indígena en rebelión.

Siesta en la playa de Anakena

Después de la visita al magnífico Ahu –caminamos entre las imponentes espaldas y las rocas negras de la playa– volvemos a la camioneta Hyundai. La próxima y última parada del día en nuestro circuito por el Parque Nacional es otro lugar mítico para la cultura Rapa Nui: la playa Anakena. Esta es una de las pocas playas –paradisíacas, por cierto– en la isla, ya que la mayoría de la costa es de piedra y roca volcánica, pero acá hay una entrada de arena blanca y es exactamente el lugar donde la isla fue colonizada por los primeros hombres que llegaron a la isla. Supuestamente, un rey con un nombre de un futbolista francés, Ariki Hotu Matu’a, que provino probablemente de las islas Marquesas, llegó entre los años 300 y 800 con una o dos canoas. Es impresionante que los polinesios en esa época pudieran cubrir tanta distancia en embarcaciones primitivas. Eso hace menos impensado que los incas de Perú también llegaran en sus embarcaciones de totora, como Heyerdal quiso demostrar a bordo del Kon-tiki.

Image for post
Image for post

Detrás de la playa Anakena también hay un Ahu con moais. Algunos tienen el llamativo sombrero rojo o Pukao, hecho de piedra volcánica roja. En los sitios arqueológicos hubo un importante trabajo de reconstrucción, porque la mayoría de los moais se encontraban tirados en el suelo cuando los primeros arqueólogos empezaron a interesarse en ellos.

En este lugar hermoso, Terangi nos deja andar solos por una hora, un momento que aprovecho para dormir una siesta debajo unas palmeras (no originarias). Hay una gallina confianzuda con pollitos buscando semillas y se acerca bastante. Se escuchan los gritos de los niños en la playa. Una señora está vendiendo jugos y helados que guarda en un cajón de telgopor. Pasa una nube y llueve por quince minutos, pero sale el sol de nuevo y ya son casi las 17, hora de volver a la camioneta y manejar hasta Hanga Roa, que está a solo treinta o cuarenta minutos máximo de una punta de la isla hasta la otra.

Image for post
Image for post
Caballos sueltos

En el medio de la isla pasamos por un bosque de eucaliptus y vemos un montón de caballos salvajes que andan por la isla. “Se han reproducido y ya es un problema”, dice Terangi. Claro, los caballos fueron introducidos y luego dejados sueltos, y no tiene predadores naturales. Vemos tropillas enteras corriendo por las laderas desprovistas de árboles. Existe un equilibrio muy fino en esta pequeña isla. El humano, con sus conductas rapaces, se topa rápidamente con sus límites, si no tiene otro país para invadir y llevar sus costumbres poco sustentables.

Aquí no hay ningún otro lugar donde ir, hay miles de kilómetros de mar alrededor. Por eso, la Isla de Pascua parece un micromundo, un tubo de ensayo para la humanidad.

*Esta es la cuarta y penúltima entrega sobre mis aventuras en Isla de Pascua. Para leer las anteriores, hacé click en los links. Para la primera, la segunda, la tercera.

Written by

Reporter. Writer. South America. Biking. Rowing. Twitter @argentomas. Recently published “Computer Crashes” on Air disasters.

Get the Medium app

A button that says 'Download on the App Store', and if clicked it will lead you to the iOS App store
A button that says 'Get it on, Google Play', and if clicked it will lead you to the Google Play store