¿Qué pasa con el litio boliviano?

Le dicen el “oro blanco” por su enorme potencial para la fabricación de baterías que moverán los vehículos del futuro. Y Bolivia tiene en el Salar de Uyuni los recursos de litio más grandes del mundo. Pero hasta ahora, más allá de la propaganda política, no se ha hecho casi nada para industrializar este metal. Opinan dos protagonistas de esta historia, contaminada por la grieta política.

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Piscinas de evaporación de la empresa estatal de litio en Llipi, Potosí

El litio boliviano no es el chileno

El tema del litio ha sido mencionado por los seguidores del ex presidente Evo Morales como la razón del “golpe de estado” de noviembre 2019. Pero durante los trece años del gobierno del MAS tampoco se había avanzado mucho en desarrollar una industria boliviana de litio: una planta industrial de cloruro de potasio en Llipi (Uyuni) y algunas plantas piloto, como una de carbonato de litio y otra de materiales catódicos. La gran pregunta: ¿Por qué tardaron tanto en iniciar la producción?

“No tardamos mucho,” se defiende el ingeniero Luis Alberto Echazú, quien es el ex-encargado de YLB y viceministro de minería bajo el gobierno de Evo Morales (2006–2019). “En Chile empezaron en los años 80 con la explotación del litio (antes del boom de los autos eléctricos, el litio tenía aplicaciones para la industria espacial, se utilizaba en aditivos de aceite y en la industria farmacológica para tratar depresiones). En Argentina, alrededor del 2001. Nos llevan años de delantera”.

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Carbonato de litio, uno de los subproductos de la sal.

Tengo entendido que una de las razones por las que el desarrollo en Bolivia se complicó es que arrancaron con un proceso equivocado.

“No es así,” dice Echazú. “Justamente por eso se necesita tomarse el tiempo en diseñar el proceso industrial, porque hay una gran diferencia entre el litio que se encuentra en el salar de Atacama en Chile, por un lado, y el litio boliviano o argentino, por otro lado. En cada molécula de la salmuera de Uyuni hay menos litio que en Atacama y más de otros componentes, entonces la purificación se hace más compleja. Es como un yacimiento minero de estaño a cien kilómetros de otro: el yacimiento varía totalmente, y el proceso también”.

Entonces no hubo un error, era un aprendizaje necesario el cómo procesar Uyuni.

“Claro, inicialmente quisimos aprovechar la experiencia de Chile, una purificación a través de los cloruros, pero en la investigación ya resultó fallido. Totalmente fallido, porque en nuestro litio hay mucho sulfato y mucho magnesio, entonces investigamos un proceso distinto. Lo que sale de la última piscina luego del proceso de evaporación solar en Bolivia es sulfato de litio y no cloruro de litio como en Chile. Ese sulfato de litio se procesa luego con cal en la fábrica para llegar al carbonato de litio.

La salmuera residual

El hecho de que la salmuera boliviana tenga menos concentración de litio que la chilena hace que la salmuera residual cobre importancia, para aprovecharla más. Una de las exigencias del gobierno de Morales a las empresas interesadas en participar en el proceso de litio en Bolivia fue que aprovechen la salmuera residual, y no la inyecten de nuevo en el salar, como ocurre en Chile.

Así es como entró en escena la empresa alemana ACI Systems, que obtuvo en 2018 la concesión de una fábrica de baterías junto con YLB, porque supuestamente había encontrado una forma para procesar hidróxido de litio desde la salmuera residual, implicando una inversión en total de más de 1,3 mil millones de dólares entre los alemanes y YLB. Sin embargo, la concesión por 70 años a ACI Systems fue muy criticada por ciertos sectores de la sociedad, como el Comité Cívico Potosino (Comcipo), que con protestas y huelgas de hambre contribuyó a la caída de Evo Morales en noviembre de 2019.

Una de las figuras más influyentes dentro del Comcipo y opositor tenaz del proyecto de litio desarrollado por Morales y Echazú, es el académico potosino Juan Carlos Zuleta. En enero del 2020 fue nombrado por el gobierno de facto de Jeanine Áñez para tomar las riendas de YLB, pero apenas tres semanas después fue despedido.

Juan Carlos Zuleta en enero 2020 durante su paso fugaz por YLB

Desde el principio, fue desacreditado por la oposición del MAS por haber trabajado en Chile y eso, en ciertos sectores bolivianos, es sinónimo de ser un vendepatrias, aunque seguramente su rol en la revuelta contra Morales fuera la verdadera razón.

¿Usted fue despedido porque tenía un perfil demasiado polarizador?

“Las razones de mi despido son varias (Zuleta menciona la presión de “alguna” embajada, o sea la alemana, en La Paz) pero fue un honor servir a mi patria. Lo que me llama la atención es que el gobierno de Morales se llamó nacionalista, pero justo en el caso del litio fueron muy entreguistas. Hicieron un contrato totalmente desventajoso para Bolivia con una empresa que no tiene ni la capacidad técnica ni financiera para llevar a cabo este proyecto”.

Un contrato controvertido

Zuleta recrimina al gobierno de Morales por haber elegido como socia a una empresa que no es un jugador internacional en la producción de litio (como lo podrían ser Orocobre, Albemarle, SQM o Livent), sino que eligió una empresa productora de paneles solares.

El académico potosino no cree que ACI Systems, por más que cuente con el apoyo del gobierno alemán, con el productor de minerales K-UTEC Salt Technologies y el reputado Fraunhofer-Gesellschaft, tenga la suficiente espalda para poder encarar un proyecto donde entre el socio mayoritario YLB (51 %) y el minoritario alemán se habían comprometido en esta gigantesca inversión en la fábrica.

Zuleta sospecha que detrás de esta construcción extraña hubo “una devolución de favores” por parte del gobierno del MAS, ya que el gobierno alemán se había comprometido con el gobierno boliviano en la construcción del corredor bioceánico. Era muy llamativo que para la construcción de una planta de carbonato de litio de 96 millones de USD –adjudicada en 2018 a la empresa china Maison Engineering– el gobierno de Morales abriera un proceso de licitación que duraría alrededor de tres años, mientras que el contrato multimillonario de ACI Systems fue asignado ad hoc, a dedo.

Cláusulas inadmisibles

El Comcipo y Zuleta se opusieron férreamente. No solo les parecía totalmente inaudita “la comercialización del litio boliviano por 70 años sin que le tocara alguna regalía a la provincia de Potosí (donde se encuentra el salar de Uyuni)”. En cambio, la Comcipo pidió 11 % de regalías.

Había otros aspectos del contrato que a Comcipo le parecían inadmisibles, como el hecho de que la empresa alemana tuviera derecho de veto en el consejo de administración (5 miembros). “Eso era ilegal según la constitución boliviana,” dice Zuleta. “y una infracción a las leyes bolivianas que establecen que las materias primas pertenecen a la nación”.

“El gobierno (de Morales) –continuó– nos quiso hacer creer que el hidróxido de litio, obtenido de la salmuera residual, era un producto industrial, mientras que es un derivado de litio y entonces es una materia prima refinada”.

Zuleta se acuerda nítidamente que, en los meses tensos de las elecciones bolivianas en 2019, hubo una reunión entre el Comcipo y Evo Morales en persona para tratar de conciliar las diferencias, y que al final de la reunión Zuleta se acercó al expresidente. “Le hice notar algo que me pareció muy importante y además muy abusivo de parte de ACI Systems. La empresa alemana había publicado un texto en su página web donde indicaba que tenía acceso a la totalidad de los recursos evaporíticos del salar de Uyuni y que ofertaba los recursos de litio al resto del mundo. Esto no se podía aceptar de ninguna manera, porque la empresa nada más era una socia de YLB”.

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La pagina web actual y “corregida” de ACI Systems

“Le hice notar esto a Evo Morales y él retrocedió, no lo podía creer. «Eso es imposible», me dijo. Luego ACI Systems cambió el texto en su sitio web bajo presión del gobierno de Morales. Luego, en las primeras semanas de noviembre, Evo Morales abrogó el decreto 3738, que era el contrato de YLB con la empresa alemana.

Más que un exportador de materia prima

Como era de esperar, la visión de Luis Albero Echazú es diametralmente opuesta a la de Zuleta. En la filosofía del gobierno de Morales, la industria del litio tenía que responder a las mismas pautas que los hidrocarburos: la prioridad era buscar un socio que aportara la tecnología necesaria (para los productos industriales como el material catódico para baterías) pero que Bolivia mantuviera el control sobre los recursos naturales y materias primas, en este caso el hidróxido o carbonato de litio.

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Luis Alberto Echazú, ex jefe de YLB

Los críticos del contrato entre los alemanes y YLB dicen que, en el proceso de licitación para la planta de hidróxido de litio, las cartas ya estaban marcadas.

“Eso es absolutamente falso”, dice el exviceministro de alta tecnologías energéticas Echazú. “A todas las empresas que se habían presentado, la condición más importante que se pedía fue que se haga un proyecto de agregación de valor. Que se llegue a la fabricación de una planta de baterías tamaño mundial en Bolivia. Eso era un requisito. Y la planta tenía que tener una potencia mínima de 7 gigavatios la hora.

¿Y cuáles fueron las ofertas?

“La que más ofreció fue una empresa china que ofreció hacer una planta de 1 mega. Y otras dos ofrecieron 0.1 mega, o sea un décimo, y nosotros dijimos: «pero eso no califica, no sirve para exportar, para generar divisas para el país». Y nos contestaron: «Si queremos hacer baterías acá, tenemos que traer insumos de China y luego llevar la batería de nuevo a China. Y competir con las empresas chinas que tienen la materia prima (el carbonato o hidróxido de litio) allá. Ahí está el mercado. Nosotros quisiéramos, pero es imposible, no podemos prometer una planta muy grande de baterías». La única empresa que cumplió con la oferta de 7 gigas fue la alemana ACI. Que después de las negociaciones se amplió a 10 gigavatios hora”.

¿Y por qué tan poco interés de las empresas internacionales si Bolivia se ufana en tener los recursos de litio más grandes del mundo?

“Las grandes empresas quieren hacer sus plantas en su propio país para sus propias industrias. Es la política permanente de los países que quieren importar barato la materia prima, hacer los productos manufacturados de alta tecnología en su país y luego vender a los que les han vendido la materia prima, pero con precios altos carísimos. Eso es así y se va a ver ahora. Yo quiero ver si la gente que nos ha criticado puede hacer una convocatoria y ver cómo les va…”.

Una planta de baterías

¿A los alemanes sí les conviene hacer una planta de baterías acá? No sería más lógico hacer la empresa allá, cerca de la fábrica de Volkswagen o Mercedes?

“Claro, tiene toda la razón, pero nosotros no hemos pedido eso. Hemos pedido que si quieren la materia prima para hacer baterías ahí, sí pueden hacerlo. Pero una parte tiene que hacer baterías acá. Para que Bolivia no se quede solo como exportadora de materias primas”.

¿Si Bolivia produce baterías, quién las comprará? Ustedes, independiente del compromiso de ACI Systems de construir una planta de 10 gigavatios, ¿cómo estaban seguros de que la empresa iba a entregar lo que ustedes pedían, es decir, el acceso al mercado alemán de automóviles, por ejemplo?

“Eso era evidentemente una cuestión muy compleja”, dice Echazú. “Pero esos eran los términos de la asociación. Es una obligación contractual de la empresa alemana con la boliviana. En la suscripción del decreto ha estado el ministro de economía de Alemania, Peter Altmaier, así que esto demuestra que la empresa alemana estaba respaldada por el gobierno alemán. ¿Usted me dice cómo lo iban a garantizar? Eso es problema de ellos. Si ellos incumplían, ahí hay un proceso, un juicio por incumplimiento”.

¿Si el MAS vuelve al poder, será retomado el contrato con ACI Systems?

“La idea es persistir con los alemanes. ¿Sabe cuánto tiempo hemos tardado en calificar las ofertas que finalmente ganó ACI Systems? Dos años. No hemos entregado entre gallos y medianoche el contrato. Una nueva convocatoria sería muy grave, porque por ahí tenemos un juicio con los alemanes. Pero además tardaría una nueva convocatoria y, lo peor de todo, estoy seguro de que ninguno aceptaría traer tecnología y hacer baterías en Bolivia… Como dije al principio, solo haremos unos cambios en los puntos que nos han criticado: bajaremos a 30 o 40 años la duración de la concesión y también se cambiará el tema del consenso en el directorio”.

Planta en construcción en Llipi, Potosí.

“Todo se ha puesto al revés. Discutimos mucho porque nosotros teníamos mayoría en el directorio, 3 de nosotros y 2 de Alemania. Y los alemanes dijeron que si esto es así para todo, sencillamente ustedes van hacer lo que quieran. Y va ser difícil y en muchos casos va ser posible que no aceptemos y tengamos que retirarnos y liquidar la asociación, entonces nos plantearon que lleguemos a consensos. En todo. Y nosotros aceptamos. Ellos (los del Comcipo) interpretaron el consenso como veto. No es veto. Nosotros seguimos teniendo mayoría. El problema es que nosotros, hemos dicho, vamos a tratar de llegar a consenso. Quizás eso fue un error nuestro. Pero al final nosotros pensamos que si se renuevan las cosas, si el consenso no se llega, se aplica la mayoría boliviana”.

Una producción insignificante

Bolsas con carbonato de litio (foto: YLB)

Esperando que se resuelva el tema político en Bolivia, el desarrollo de la industria del litio ahora está prácticamente parado. Luego del despido de Zuleta, el máximo puesto de YLB ahora está ocupado por un gerente ejecutivo (Gunnar Valda) con un perfil netamente político. La producción de carbonato de litio entre 2017 hasta 2020, en la planta piloto, ha sido de apenas 700 toneladas. Estas fueron almacenadas por el bajo precio internacional de carbonato de litio en este momento (6.250 dólares la tonelada). De todos modos, esta producción representa apenas 4,3 millones de dólares. Una cifra insignificante cuando se compara con las exportaciones de gas y petróleo, que son del orden de 2 mil millones de dólares.

Mientras tanto, un tweet irónico de Elon Musk, el presidente de Tesla y por ende un jugador importante en la cuestión del litio, acaba de alimentar las sospechas de algunos de que la caída del gobierno de Morales fue causada por la puja por el litio. En un thread de Twitter, Musk respondió irónicamente a un cuestionamiento sobre su involucramiento en Bolivia: “sí, sí claro, hacemos un golpe cuando se nos de la gana…”.

“Usted conoce las declaraciones del señor Elon Musk”, me pregunta Echazú.

Sí, pero me parece que eran en broma.

“Ah, bueno, en chiste hacen muchas cosas y después el chiste se vuelve realidad…”.

Para Juan Carlos Zuleta es una idea ridícula que Musk o los Estados Unidos hubiesen organizado un golpe de estado en Bolivia “por el litio”. “Ni siquiera había empresas norteamericanas presentes en la licitación para la fábrica de carbonato de litio,” dice. Zuleta cree que falta un plan claro para el litio boliviano. “Si queremos embarcarnos en un proceso de industrialización, hay que producir la materia prima, esto está claro. Tenemos que resolver el problema productivo. Pero luego necesitamos contar con un mercado para el producto industrial. De nada sirve construir una planta si no tenemos un mercado. Y ese mercado no está definido.

¿Cuál sería un producto industrial factible?

“Lo más simple sería el material catódico para las baterías. Hoy, en el mundo, existen varios tipos de baterías, cada uno con sus respectivas mezclas de metales y también con su rendimientos: LFP (litio y fosfato de hierro), NMC (níquel, manganeso, cobalto) o NCA (níquel, cobalto y aluminio)”.

“La batería de LFP se hizo muy popular en China por ejemplo. Si uno tiene en mente producir cierto tipo de batería, cambia la materia prima. Si produces LFP, hay que apuntar más al carbonato y menos al hidróxido de litio. Si vas a producir NMC o NCA, ahí sí definitivamente necesitas hidróxido de litio. Estas decisiones son importantes para pensar antes de construir una fábrica con el riesgo de que esta se convierta en un elefante blanco.

¿Y en qué mercado está pensando?

“Yo soy un convencido de que cualquier proceso industrializado, incluso en otros países en la región que tienen litio, pasa por la construcción de un mercado regional para los productos industrializados, o sea América Latina”.

Un hub en América Latina

Usted se refiere a crear una demanda de baterías y autos.

“Yo planteo la conformación de un hub con la participación de empresas provenientes de países productores y poseedores de productos de litio. Estamos hablando de Argentina, Bolivia, Chile, Perú, Brasil, México, … Litio no va faltar en América Latina. En segundo lugar, están los países con capacidad de ensamblaje tecnológico… Argentina, Brasil, Colombia y fundamentalmente México, un importante productor de vehículos.

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Quantum, el auto eléctrico producido en Cochabamba.

Ya hay un auto funcionando en Bolivia, el Quantum (con sede en Cochabamba) que ha vendido unas pocas unidades (250) por ahora. Pero con baterías importadas, porque YLB no pudo entregar aún las baterías.

“Esta es una muestra más del fracaso del proyecto del litio impulsado por el gobierno de Evo Morales”, concluye Juan Carlos Zuleta.

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Reporter. Writer. South America. Biking. Rowing. Twitter @argentomas. Recently published “Computer Crashes” on Air disasters.

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