Lister y Pasteur lo hicieron (18 de enero)

Hoy me toca ir al control de nuevo y a diferencia de finales de diciembre, cuando el ambiente era como un horno, ahora hace calor nada mas. Con cielo azul y una brisa. Un lindo día de verano.

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La pierna fracturada que curó el doctor Lister en 1865

La sala de espera está lleno de gente con muletas, algunos con bota otros en yeso. Es divertido el intercambio de miradas entre los pacientes como están pensando: “Y a este que le habrá pasado, futbol en cancha de cinco?” Otro par de ojos que dicen: “Mira, no fui el único boludo acá”. A mi izquierda hay un señor con el pie enyesado. Los dedos gordos y rojos se asoman. “Fracturé el tobillo,” dice sin que le pregunte. “Fútbol?”, le pregunto. “No”, caminando en el jardín me tropecé”.

El frasco de Pasteur

Es impresionante si uno piensa que le pasaba esto hace quinientos años, uno ya no podía caminar el resto de su vida. Se convertía en un mendigo harapiento como los que se ven en las pinturas de Brueghel. Capaz había algún cirujano o barbero que le quería operar, pero existía noción alguna de las infecciones causadas por esos bichos invisibles que son las bacterias.

Cuando a uno le operaban, había 50% de chance que el paciente sobreviviera o que se moría de alguna infección como la gangrena. Aparentemente fue un médico escocés, Joseph Lister, quien tuvo la primicia. En 1865 operó a un niño atropellado en Glasgow por un carruaje y tuvo una fractura abierta en la pierna. Lister había escuchado de los experimentos de Louis Pasteur con tejidos limpios en frasco cerrado con una gasa. El tejido se mantenía estéril porque pasaba el aire pero no las bacterias. Lister veía que en Glasgow se limpiaba las alcantarillas con fenol y se le ocurrió utilizar este producto para limpiar las heridas del nene antes de vendarlo. No se infectó la herida, algo raro para este tipo de roturas abiertas. Estamos hablando de apenas 150 años atrás.

En aquellas épocas, también se morían muchas mujeres luego del parto. En los hospitales los médicos tenían las manos sucias por atender a otros enfermos con infecciones o por trabajar con cadáveres para estudiar el cuerpo humano. Había un doctor húngaro Ignaz Semmelweis en un hospital de Viena, que insistía con el tema de “lavarse las manos” y así pudo bajar la mortalidad de 18% a 2%. A Semmelweis luego lo encerraron en un manicomio.

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Louis Pasteur con su famoso frasco

Citas de película

Antes de entrar con el traumatólogo, aprovecho la media hora de espera para bajar la planta baja y entrevistar por WhatsApp a un piloto estadounidense, Dennis Tajer, el portavoz del sindicato de pilotos de American Airlines. Me cuenta sobre el regreso del Boeing 737 MAX a la flota. Quiero saber como fue el entrenamiento en el SIM luego de los cambios de software que tuvo que hacer Boeing para hacer volar el avión de nuevo. Lo he entrevistado varias veces ya y Tajer es un tipo muy amable, habla mucho y da buenas citas. Por ejemplo del notorio software MCAS del MAX que desencadenó los accidentes, dice que fue una “arma nuclear”. “Pero que ahora Boeing lo durmió”, put it to sleep, comparándolo con drogar a alguien o sacrificar a una mascota.

Anoto todo en un librito en la sala de urgencias abajo. Me dijo “llámame después cuando estés libre”, pero para entrevistas, siempre es el aquí y el ahora. Es medio incómodo y en algún momento, me grita el encargado de la seguridad que tengo que ponerme el barbijo, muy sensato pero eso de hablar a través de un barbijo con alguien en EEUU por WhatsApp no suma a la claridad de la entrevista.

Corto la entrevista porque ya me va tocar el turno y de hecho ni bien salgo del ascensor en el primer piso, está el traumatólogo esperándome. El médico me tiene una buena noticia: la pata se ve muy bien, lo manipula bastante fuerte y me reitera que tengo que seguir moviéndolo, para que el tendón esté activo.

Me saca los puntos con lo cual ya podría meter la pierna en el agua. Ya estoy pensando en poder nadar. “Eso lo vemos la próxima semana,” dice el doctor que también insiste que en ningún momento puedo sacarme la bota de plástico — que es como un yeso- pero si puedo caminar un poco hasta el almacén, o por el barrio. Pero eso de encontrarme con gente y hacer sociales me da un poco de fiaca. Tendré que responder las preguntas tipo “¿Qué te pasóóó?” y “¿Cuando..?” y “¿Como..?” etc. … Mucha cháchara para saciar la sed de chisme para que al final te digan “En lo que te pueda ayudar, no dudes en… “ “¡Si, si como no! ¡Vení mañana a cortarme la ligustrina!”

Me viene a buscar Claudio con el auto pero antes voy a la farmacia a comprar unos lentes de aumento, sin los cuales estoy bien perdido.

“Se te nota que estás de buen humor”, dice Claudio, cuando le puteo por algo cuando llega y de hecho tiene razón. El buen humor se debe al hecho que avanzo bastante bien con la recuperación. O debe ser que el tiempo pasa mucho mas rápido de lo que pienso.

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