Huelga en Aerolíneas: ¿una estrategia para la privatización?

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Pasajeros esperando un vuelo

“Gremios aeronáuticos: tras la huelga de este lunes, amenazan con más medidas”. Para el diario Clarín, ya quedó clarísimo quienes son los buenos y los malos en esta película de la huelga del lunes pasado en Aerolíneas. El pobre gobierno de Mauricio Macri y los turistas varados por un lado (“¡Hubo más de 40.000 pasajeros perjudicados!”) y, por otro lado, los sindicalistas malos.

Fake números

“A pesar del paro, los empleados todos los días le ponen mucha garra para que Aerolíneas funcione bien. Pero lamentablemente después vienen los delegados sindicales y a la gente que trabaja les dicen que no pueden trabajar más, con las actitudes patoteriles a las que estamos mal acostumbrados”, cita Clarín al Ministro de Transporte. “Es inaceptable que Aerolíneas siga recibiendo plata de los argentinos”. “Y (esta actitud de los sindicatos) inevitablemente puede llegar a un achique de la compañía,” concluye el Ministro.

En ningún lado se menciona el porqué de la huelga, el fondo del reclamo de los aeronáuticos. Eso tiene que ver con una promesa no cumplida de las empresas Aerolíneas (y Austral) de indexar los sueldos según la inflación, la supuesta clausula gatillo. De eso no se lee nada. En cambio, se publicaron en las redes y los medios los supuestos sueldos que ganan los empleados de AA y Austral y no concuerdan con la realidad. De hecho, según el diario La Nación un despachante de Aerolíneas gana 88.000 pesos, mientras ese mismo despachante apenas llega a los 50.000 después de trabajar muchas horas extra y domingos y feriados. Además, por más que Aerolíneas y Austral son empresas estatales se rigen por sueldos internacionales. Y mientras un comandante en Aerolíneas puede ganar hasta 200.000 pesos, en Europa o Asia ganan fácilmente el doble o el triple. Entonces parece haber una guerra mediática oficialista para desacreditar a los empleados de Aerolíneas y Austral. (por ejemplo en Perfil: Salarios por las nubes y familiares: qué hay detrás de los sindicalistas.)

Un almuerzo frugal

Conozco personalmente a varios empleados de Aerolíneas (desde pilotos hasta despachantes de aeronaves) y viajo mucho con Aerolíneas por mi trabajo y siempre fui muy bien atendido, salvo algunos detalles. Son un poco tacaños con las comidas en los vuelos –un alfajor o un sándwich de miga (vaya los símbolos nacionales…)– pero bueno, ¡no se les puede reprochar que Aerolíneas esté despilfarrando la plata de los argentinos en comida de altura!

Por otro lado, me consta que Aerolíneas es una empresa bastante puntual, con una flota nueva (aparentemente fue producto del miedo de Cristina de que se pudiera caer un avión durante su gestión, después del desastre de Once) y un excelente récord de seguridad aérea.

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La aerolínea bandera… por ahora.

Sin embargo, desde hace más de un año dentro de Aerolíneas se siente el descontento por la llegada de competidores como Flybondi y Norwegian, y no tanto por lo que significa la pérdida de mercado (el mismo nombre de Flybondi sugiere que no es mucho más que un Sesenta con alas) pero preocupa las intenciones del gobierno. Uno puede tener argumentos a favor de la privatización de Aerolíneas, pero si fuera esa la intención real del gobierno, estaría bueno que se pronunciara en ese sentido en vez de optar por la estrategia del pudrimiento, como lo es repetir ad nauseam que Aerolíneas cuesta plata a los argentinos y que sus empleados son unos insolentes.

¿Exit aerolínea bandera?

¿Podría ser que Macri y los empresarios descontracturados y descorbatados que lo rodean sean tan básicos? ¿Miran a Aerolíneas como un reducto K y creen que por eso hay que destruirla? La ventaja a corto plazo del gobierno para privatizar a Aerolíneas está clara: es un recorte importante en el gasto público y para los usuarios seguramente bajaría aún más el costo de los boletos aéreos “como ocurrió en el primer mundo”, esa gran lámpara hacia la cual la polilla macrista se siente atraída con tanta fuerza.

Pero el gobierno no sabe (o no cuenta) que los lowcost en Europa tampoco son la posta. Este verano en todas las ciudades europeas hubo huelgas y paros, porque esos mismos lowcost ejercen tanta presión sobre los empleados aeronáuticos que estos ya se encuentran imposibilitados de trabajar de forma digna. En el fondo, la raíz del problema es el pasajero mismo que quiere volar por 30 euros de Madrid a Berlín, y eso es insostenible.

Ahora los empleados de Aerolíneas esgrimen el argumento de que el estado debería proteger la aerolínea bandera que es Argentina. Que Aerolíneas cumple una función social volando a pequeños pueblitos (y de alguna forma está supliendo una función que ha dejado de hacer el estado privatizando los ferrocarriles durante los noventa). Se puede discutir si un país necesita tener una línea bandera. Hay países que la tienen como España, Francia, Holanda, Alemania, Italia, Canadá o Reino Unido. Otros países como Estados Unidos no la tienen. Algunas de esas líneas banderas están a punto de fundirse (como Alitalia). Otras como KLM-Air France ganan millones.

Seguramente en todos estos países se da la misma discusión. Pero será un autogol importante, si el gobierno argentino dejaría caer una empresa nacional con la trayectoria, la historia y el vuelo de Aerolíneas para entregarla a un grupo empresarial equis. Durante el gobierno de Cristina, Aerolíneas fue estatizada y recibió millones de subsidios “de los argentinos”, algo que fue ampliamente criticado en la prensa. Pero bien que mal, después de todo ese gasto debajo del soldado cristinista Ricalde, quedó una aerolínea mucho más capitalizada de lo que había cuando el grupo español Marsans la dejó al borde de la quiebra.

Privatizar Aerolíneas y entregarla de nuevo al mejor postor equivale a tirar esos millones de pesos de los contribuyentes argentinos por segunda vez. En cambio, el gobierno tiene la oportunidad de crear una empresa fuerte que gane plata para el estado. Pero hay dudas de si las cabecillas del PRO tienen la voluntad y el talento para gestionar esa empresa. Es más fácil heredar y vender.

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Reporter. Writer. South America. Biking. Rowing. Twitter @argentomas. Recently published “Computer Crashes” on Air disasters.

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