El HDP de Rod Stewart tiene la culpa

En Punta Arenas entro a un coffeebar, lo que suelo hacer en la Patagonia cuando quiero un momento tranquilo para escribir y lejos de mis turistas-clientes con sus preguntas insistentes sobre las navegaciones entre los témpanos, el tamaño y el color de los pingüinos y la forma como se sirve la centolla (“me gusta romper las patas”, dice una).

Es muy difícil encontrar un lugar silencioso en Chile o en Argentina. En la plaza central de Punta Arenas estaban haciendo un espectáculo con parlantes a full y una Mini Mouse bailando reggeaton con un Micky andrajoso. Cuando buscas un bar en estas tierras siempre te encuentras con la música al palo (“para tapar las voces de su conciencia” suele decir un amigo frisón-porteño con una pizca de malicia). Bueno, el mozo del hotel me mandó a este lugar “Mon” de la esquina. Me echó del restaurante del hotel “porque vamos a pasar con la maquina limpiadora”.

Resulta que “Mon” en realidad se llama “Café Montt”. Es un lindo cafecito, con una maquina italiana Rancilio, una máquina que alguna vez tuve en mis manos y la vendí en México cuando necesitaba dinero. Los detalles no me acuerdo pero me trae buenos recuerdos, porque amo todo lo que tiene que ver con el café. Con satisfacción escucho que no hay música fuerte en el lugar y me siento en una mesita. Hay un enchufe abajo en el zócalo de madera, lo que ya es un lujo porque muchos de estos lugares pichulean los enchufes. Ahora, rápidamente distingo que la música suave en el fondo es el llamado chill-out o lounge. Versiones bossa de clásicos del rock. Bueno, bossa suena brasileño y alguien me contó que realmente fueron unos argentinos (y no brasileños) radicados en Ibiza a quienes se les ocurrió la idea –seguramente después del éxito del Buena Vista Tango Lounge — de hacer covers cantados por unas de estas modelos famélicas y mirada drogada. Es lo peor. Es la muerte. Me irrita de sobremanera y no me deja trabajar, no porque sea irritante en sí, como ponele Phil Collins que te grita en el oído que Billy perdió su número, sino porque siempre me pongo a buscar cual fue el tema original y pierdo la concentración para lo que vine aquí, a escribir cosas serias.

No es fácil descubrir el tema original detrás de la versión bossa bosta, tampoco es tan difícil. Y cuando llego a descubrir el tema original, pienso ¿por qué no ponen directamente Go your own way, Let’s Dance o Billy Jean en vez de estas copias desangradas? También pienso ¿cuál es el mensaje de bostizar la música pop clásica? ¿Es un homenaje? O ¿es un guiño posmoderno de un productor musical que se siente muy superado y se burla con desdén con el kitsch ochentoso? O ¿simplemente es un negocio, un reciclado fácil? Aparentemente la moussaka (no, no podemos llamarla música) funciona porque nadie se queja. La gente ni la registra. “¿Es música de fondo, bolu… no entendés?”

Bueno, ni modo, ya estamos en el baile. Puedo distinguir Careless whisper, de por sí ya una canción que rankea alto en el überkitsch. Me acuerdo el videoclip donde George Michael se revolcaba en la nieve, se reía a carcajadas luciendo toda su dentadura blanca pero no era muy claro lo que pasaba ahí en estas vacaciones de lujo en los Alpes suizos. Nunca entendí bien cuál era el trama por lo cual George ya no podía bailar como antes. Se sugería que una de las minas con gorros de piel le había puesto los cuernos en una cabaña con su compañero, bien fachero por cierto, Andrew Ridgeley. ¿O era la tetona en el bikini rojo en la proa del Yate que le causaba celos a George? Luego del éxito de Careless Whisper, George salió del closet y uno entendía cada vez menos de qué se trataba la canción.

Ahora, en esta media hora en la que todavía no he logrado escribir algo serio, la razón por la que vine al Café Montt, he descubierto en el bosque de bosta, en la espesa bossa-niebla a Smoke on the Water, dos canciones de Guns n Roses (Patience, Don’t You Cry) y la primera canción que más me costó descifrar: Do you think Im sexy? El clásico donde Mr. Tiger Print himself con el cabello en forma de plumero, se tuerce delante del micrófono y luego trata de levantar una rubia con una cereza entre los labios. Si, si, Rod, ¡muy sutil de tu parte! Igual, un temón. Irresistible el beat. A la altura de Miss You. Rod era cool en el 78, era más cool aun en el 74 con su banda original The Small Faces. Pensamos en Hot Legs, Maggie May. Visualizamos la banda, su doble morocho, Ronnie Wood quien luego llevó ese nonchalance sucio y relajado a los Stones cuando fue transferido. La verdad no hizo nada mal al sonido de los Rolling. O sea, Ronnie nunca era Mick Taylor, no era lo que entendemos como un “músico posta”, pero sí tenía 100% actitud Rock ’n’ Roll y era el gemelo perfecto de Keith.

Después Rod Stewart se hizo kitsch. Empezó una segunda carrera hace unos 10 años cantando todo tipo de covers, vestido de smoking. Cantaba lo que sea, lo que daba. La idea quizás era envejecer con estilo, yo hubiese preferido mil veces que un anciano y teñido Stewart siguiera brincando en el escenario con sus patitas de pollo en un legging de pantera. En cambio, tuvo que dedicarse a cantar versiones melosas de monumentos como Wonderful World de Louis Armstrong. ¿No entienden que algunas canciones son intocables? Que no se pueden mejorar nunca? En ese momento, la decadencia en la música moderna ya se había iniciado, junto con los mp3 y el completo embrutecimiento del público. Me pregunto ahora qué pensaría el mismísimo Rod Stewart cuando entrara en el café Mon y escuchara esta versión violada y destripada de su clásico del disco Blondes have more fun (Las rubias la pasan mejor). ¡Sembrarás y cosecharás, Rod! ¡Cavaste tu propia tumba!

Con todo esto, también me estoy dando cuenta de que las canciones interpretadas en forma bossa nova no son los mejores temas de la época. Queda en evidencia que el productor anónimo, oportunista y residente de Ibiza tiene la cabeza quemada por las drogas o un conocimiento limitado de lo que había en el mercado en ese momento. No pudo ser de otra manera. Si realmente amas la música, no podés amar más la plata que la musica, para triturar esos sonidos con el único propósito de llenarte los bolsillos. Esto sí es un alivio. Existen versiones bossa de bandas rockeras comerciales como U2 (Where the Streets have no name), pero no conozco ninguna versión lounge de Echo & The Bunnymen, Joy Division, The Smiths o The Fall. No todo está perdido. Antes de retomar el trabajo serio, agarro una servilleta, escribo en un papelito y lo entrego doblado con solemnidad a la chica de la barra. Cuando lo abra va a leer: JJ Cale.

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Reporter. Writer. South America. Biking. Rowing. Twitter @argentomas. Recently published “Computer Crashes” on Air disasters.

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